Lo que desconcierta, en principio, es el elemento. ¿Pero cómo puede el papel, hecho trizas, componer la serenidad de la belleza? Quizá por la esencia y materia del mismo elemento: el papel está en la entraña misma de la civilización. En lo más remoto de la cultura. En el alma y en las manos de Keka Raffo el papel no es descanso de la letra ni rutina de envoltorio. Es rumor o rugido, susurro o grito. Es color viviente, que vive y, porque vive, nos cuenta cómo son las cosas, los paisajes, las personas, las imaginaciones. Los fulgores y los silencios.
¿Pero cómo se puede innovar en el atardecer del siglo XX en algo tan estudiado como el collage? Pues Keka Raffo lo hace. Innova. Crea algo distinto. Eso es: distinto, que no es lo mismo, que tiene existencia diferente. Y que es disyunto: algo aparte de lo que los demás, que sepamos, hacen.
Y Keka Raffo asombra por su sentido del color, por la perspectiva, con una técnica de puzzle que, como tal, es, sin asomo de exageración, simplemente sublime: por su grandeza y sencillez admirables. Altera el papel como materia, lo desmenuza, lo acopla, lo armoniza (para concurrir a un mismo fin) y consigue la alborada de un arte.
Y es un arte a un abismo de lo urgente; trabajosamente hecho. Enamoradamente trabajado. Enamoradamente arte.
JOAQUIN BARDAVIO
ESCRITOR
Desde luego lo primero que me viene a la cabeza cuando miro tus cuadros, Keka, es que estás viva. Digo esta perogrullada por la simple razón de que una cosa es parecer estar vivo y otra serlo. El serlo, implica tener la capacidad de ver, de sentir, de matizar, de comprender eso tan pomposamente llamado "El Secreto de la Vida" y que resulta tan de todos los días en la realidad práctica. Y si luego eres capaz de expresarIo en lenguaje de pintura, pues resulta que eres pintora. Muchos se llaman o los llaman así, la experiencia demuestra luego que no se corresponden título y realidad.
Keka es pintora, no hay más que verIo. Tiene la habilidad de crear un mundo personal que te sorprende por su frescura, a veces por su ingenuidad de altos ideales, de "Epoca", y de espacios, abiertos o cerrados, con mucho aire, con mucho brillo. Estudia hasta la herida, la disposición de sus figuras y en medio de la llaga, pone un dedo como si tal cosa, como si nada.
Compone con garbo, con salero, con una envidiable naturalidad. Su forma de tratar el color, apunta una sabiduria de raza antigua y con conocimiento de las medias tintas. Quizás se podría decir que sus musgos, hierbas y arabescos, son de una cocina natural.
Sus pliegues tienen el esmero de ese trabajo que se ama, de esa manera tan cuidada de hacer las cosas, que ya no se lleva, pero que tanto se agradece.
Sus figuras sin rostro me inquietan al mirarme fijamente su belleza de menina espacial, producto de una dimensión diferente, donde se estrechan mundos de difícil compostura.
JOSE Mª PEREZ FLOR
PINTOR |